Al que nunca le dije hermano

Todo parece un sueño.

Como si hubiera abierto la puerta a una pesadilla, y no pudiera ser parte del colectivo.
Miro todo desde afuera, como si el sueño estuviera contenido de una bola de cristal.

"Ahora eres estrella"

y lo que más me duele es el dolor de los tuyos.

Me llevo tu sonrisa y tus chistes en el alma. Te vamos extrañar,
te voy a extrañar,
hermano al que nunca le dije hermano,
al que me hubiera gustado decirle te quiero
o robado un abrazo.

Desde aquí te llevo, Ricardo.

Botones

Dentro,
los graznidos que clamaban tu nombre,
han cesado ante
los tímidos capullos,
que brotan de las grietas
en mi pecho.

La primavera ha llegado.

Invierno dosmildiesciseis

A veces creo que puedo vislumbrar ese
vacío que no deseas compartirme,
o creo poder oler la soledad
que te asalta de vez en vez
pero que aún intentas disfrazar
frente a mí.

Quizás te estás dando cuenta
de que las cosas en este planeta no
son tan fáciles como imaginabas.
Quizás por fin estas conociendo
la parte hostil de la naturaleza
humana,
y quizás te has dado cuenta ya
de que ni mi presencia alcanza a
llenar ese hueco que se despierta
en el interior de tu alma
y aun no sabes a qué viene.

-Me gustan las almas humanas, con mentes
de otras galaxias-

Presiento en el fondo,
resonamos con el mismo dolor,
que nos defendemos con la misma
agresividad y mordidas,
y que si pudiéramos descubrirnos todo,
nos daríamos cuenta que después de ello
no tenemos nada.
Sólo a nosotros mismos.

Tus secretos resuenan
en nuestros corazones.

Fiebre Valentina


Voy a comenzar con esto:
Vivimos en una sociedad ridícula, donde se nos inculca cánones de belleza estereotipados, absurdas reglas de comportamiento, y falsos estándares emocionales.

Nos inflan el pecho desde pequeños con festejos como este y otros tantos que si de verdad se les sacan las entrañas dejan de tener sentido completamente.
"El amor no se pide, se atrae" decía Fraun Eva.
Ya ni de complementar, lo cual me parece absurdo. Creo que debe ir más allá que el llenar espacios vacíos. También se es necesario compartir las mismas concavidades y convexos. 
Jamás habrá alguien que nos complemente, porque solos estamos completos. No necesitamos que nos llenen, necesitamos que nos respeten, en nuestras soledades y éxitos, y que cada quién sea responsable de su propio futuro

Las personas inteligentes siempre van a estar solas.
Somos seres complicados y más complejos
que el resto de la gente.
Pensamos mil veces las cosas,
las analizamos, las destruimos,
les sacamos las vísceras que le dan sentido
para la mayoría de la gente
y nos quedamos con su verdadera esencia:
nada es verdadero en este mundo.
Nosotros los locos, los raros, los hiperbóreos,
a los que nos miran diferente porque desde un inicio no encajamos;
nosotros los que tenemos la cabeza llena de ficciones paralelas,
los que nos tardamos en quedarnos dormidos,
los que somos demasiado "creativos" para ser llamados "creativos,
y los que somos demasiado "egoístas" para ser llamados "egoístas".
Nosotros los hiperboreos,
los que buscamos la gloria y no el éxito,
que no sabemos ser normales, ni pensar o sentir de la manera
en que los demás lo hacen.
Somos los rechazados de la sociedad,
porque nos consideramos superiores a su raza
porque de alguna manera desde niños, siempre supimos 
que veníamos de algún otro lado.
Sentimos placer por destruir y crear sobre lo destruido,
nos deleita la soledad incomprensible para los demás,
y nos consuela la idea, de que nunca hallaremos alguien
que sepa llenarnos y compartir nuestra nostalgia.
Nosotros los eternos,
que conocernos es una brasa que marca almas,
que permanecer a nuestro lado son tormentas y navajas,
que platicar un rato de las cosas que nos importan es caminar sobre minas
e intentar amarnos termina en una granada detonando entre las costillas.
Pensamos que nunca nadie será tan bueno como nosotros,
y estamos en lo correcto...
Nosotros los inconsolables,
los insatisfechos,
los dementes exigentes desvergonzados aventureros,
nuestro destino es encontrarnos a nosotros mismos,
a través de las personas que dejamos pasar a nuestra jungla.
Gente común: no se junten con nosotros;
somos agujeros negros espaciales, enanas blancas,
somos universos cuya entropía está llegando al punto máximo.
Después de nosotros no habrá más que recuerdos,
creaciones, y remembranzas es sus humanos corazones.




Invierno dosmilquince

Llega Navidad. Esa época del año en que los abrazos forzados y las risas fingidas tratan de inundar cada rincón del hogar, durante menos de cinco horas. Las llamadas por Skype se alargan, las notificaciones de whatsapp se atiborran y las conversaciones después de la comida se apagan y ahuecan. Me pregunto si el estereotipo de familia funcional de temporada decembrina aún se puede adquirir en los anaqueles de la esquina, arrancando el anuncio de una revista de chismes o comprando la pantalla HD 4k en oferta. -musité.

Guardé y pensé en silencio, que estos días, este clima, estos cielos y las noches flemáticas me hacen recordar aquellas tardes en las que saliendo de la universidad, caminando por las banquetas sentía que en cualquier segundo simplemente desaparecería de esta tierra, como si la extensión de mi alma se cambiara y no pudiera ser leída más por las bases de datos del presente... de ese entonces... 
Parece que la soledad me araña las cobijas todos los días a las doce de la noche. Parecía que yacía en mi destino esta naturaleza taciturna pero no, yo la he escogido. El aislamiento por decisión propia, el desamparo, el encierro en uno mismo, la separación de las masas; ésta, la soledad que me pesa, es intelectual, espiritual, el desengaño de saberse incomprendido hasta el último pulso, de entender el egoísmo en el que cada entidad se desenvuelve y florece y marchita y muere aislado para siempre del entendimiento de otros seres rozando pequeños fulgores de empatía durante el transcurso de su vida: la soledad escogida, el encierro innato.

"Y esta soledad que viene del ser,

no del estar"

Cuando intento atrapar el sueño, la luna se cuela por la pequeña ventana sin cortinas y me quema las pupilas por encima de los párpados. No he de molestarme contigo, pequeño satélite, también vives absorto en tu perímetro diminuto sin adivinar qué hay más allá de tu cara iluminada. Creerás que tu brillo es propio sin imaginar que sólo eres una piedra a merced de las fuerzas superiores a tu masa, pero aquí estamos los dos: solos, derramados cada quién sobre su propio paisaje. Tú, el sueño de amantes, y  la causa de mi insomnio y molestia ésta semana.Tú y este hueco que me carcome hasta los huesos, una interioridad tan maldita que me abre grietas en los suspiros y me teje nudos en la garganta. 
¿Hasta cuándo habremos de conocer lo que es verdadero? 

Leía en la tarde un cuento - comencé a contarle- sentada en uno de los vagones del metro, y recordé lo inevitable que estamos destinados a estar inmersos en un juego de planos, realidades e inviernos que cada uno, cada mente recordará como quiso y no como hubo sucedido. Que somos egoístas por naturaleza instintiva, y que mejor comprendernos como animales que como humanos, porque estamos muy lejos de dominar ese concepto. Por eso yo he aceptado mis dolencias y padecimientos. Me vivo sabiéndome jamás comprendida, que moriré sin que nadie sepa realmente lo que mi existencia significaba para este tiempo y esta época (porque tampoco yo lo sé), que quedarán perdidos en un par de años los sueños e ingeniosas ideas que rondaron en mi cabeza algún día y llegaron a parir mis huesudas manos con tanta dedicación y cariño; que nunca nadie habrá de mirarme a los ojos para decirme que también siente esa concavidad en los huesos y que también sospecha que la vida, a veces, está inflada, para darme cuenta que los dos tenemos las pupilas huecas y hay más espacio dentro de nosotros mismos de lo que creíamos. 

-Qué difícil pasar los días así. - me dijo. Todos los días despierto recordando mi mortalidad y lo fugaz que será mi existencia, muchísimo menos de lo que tarda en extinguirse una estrella... También siento que la vida está inflada, a veces, y siento que hay un hueco incalculable en mí entre todas las vísceras. A veces siento que ese vacío es interminable, y que con cada lunación se vuelve más indefinido... y que moriré sin que nunca nadie lo comprendiera ni que yo lo terminara de haber comprendido.

Miré fijamente sus pupilas y pude ver un reflejo como el que se forma cuando le pega directo el sol a la lente de la cámara. Detrás de ello había nada, un negro incalculable que se extinguía hasta donde uno lo deseara. En un segundo parecía carecer de profundidad y en otro, extenderse hasta lo absurdo.
Seguí mirando retadoramente y creí ver un destello que pasó corriendo hasta lo que imaginé, era el fondo de ese vacío.

Me recliné hacia atrás para separarme del espejo.

 La vida me queda holgada y el tiempo no'más no me calza; mi alma está ya muy vieja para la apariencia que da este cuerpo. A veces pienso que las ojeras y las manos enjutas son la única conexión verdadera con mi conciencia. 


notonal



Quiero que me hagas el amor

como si estuvieras componiendo.

Quiero ser instrumento:

haz música con todo mi cuerpo, con mis muslos, con mis nalgas, con mi vientre, con mi sexo;

lléname

de besos,

muérde mis pezones y lámeme el cuello,

haz una escala con mis gemidos:

díctame el compás,

yo seguiré tu ritmo.

Hagamos figuras en la cama,

luego en el suelo

luego en tu sala.

Que suene una milonga

si hasta tu entre pierna

baja mi boca,

si aprisiono tu verga

entre mis muslos,

si pasas mi pierna sobre tu hombro,

un tango

si me doy la vuelta

y me pones en cuatro,

un vals lento si entonces me recuesto

y me tomas por la cadera,

un jazz desenfrenado y agresivo si me giras y abres las piernas

empinada

a la orilla de tu cama.

Si me penetras,

entre nalgadas y caricias,

y el sonido

de los besos si me tomas por el pelo,

hay un gemido,

para cada movimiento,

la curva llega al clímax:

el eco de la melodía.

Un cambio, luego otro,

tu mano aquí, mis labios allá,

tu peso sobre mi cuerpo

mis dientes mordiéndote el cuello,

las uñas correteando tu espalda;

tu aliento, el mío,

la piel erizada

las lenguas tropezando

la saliva y el sudor escurriendo.

¿A qué suena la humedad?


Tus notas se hunden en mí

y me llenan por completo.

La sinfonía termina:

me llevo tus partituras en el pecho.